Revisionando a El Artista

La película ganadora del Oscar 2012.

Después de haber escrito una crítica de El Artista en portugués, la tarea de hacerla una vez más en español surge como una buena invitación a revisar mis ideas y conceptos acerca de la película.

Premiado con cinco Oscars, El Artista, del director Michael Hazanavicius, llamó la atención del público y de la crítica por traer una vez más a la pantalla la estética del cine de los años 1920/30. Su temática aborda la transición del cine mudo al cine sonoro, la caída de un artista de su pedestal y su relación profesional y amorosa con una actriz que, al contrario de él, sube en la carrera.

Las características de la estética de los años 1920/30 presentes en la película van mucho más allá de la falta de sonido en directo y de la imagen en blanco y negro. La actuación, la utilización de la música y la caracterización de los personajes como sujetos lineares y un poco estereotipados también son elementos importantes que componen esa estética.

El Artista y Cantando bajo la Lluvia.

Es imposible no percibir la semejanza entre las dos películas, principalmente en la escena de apertura. En Cantando bajo la Lluvia, el galante Don Lockwood (Gene Kelly) presenta su más reciente película de suceso, una película muda de aventuras. Después de la sesión, él sale a frente de la pantalla para agradecer al público. Lo mismo hace George Valentin, el personaje principal de El Artista.

Los caminos de las dos películas empiezan a separarse en las escenas siguientes. Mientras Cantando bajo la Lluvia es una comedia musical con sonido en directo e imágenes en color, El Artistaes también una comedia, pero sin sonido en directo, sin escenas de cantes y bailes y en blanco y negro. En el primero, Don Lockwood está siempre con su gran amigo Cosmo Brown (Donald O’Connor), y recibe la ayuda de una fan que también quiere ser famosa, Kathy Selden (Debbie Reynolds). En el segundo, él mejor amigo de Valentin es su perro, y la fan con ilusiones de fama que le ayuda es Peppy Miller (Bérénice Bejo). Por fin, las dos películas comparten la temática de la transición del cine mudo al cine sonoro.

George Valentin (Jean Dujardin): el artista en su fase de suceso. 

Una temática de transición en una época de transición.

El período de transición del cine mudo al cine sonoro fue uno de los marcos más significativos en la historia de esta arte. Muchos fueran los artistas que de pronto se recusaran a utilizar la nueva técnica, entre ellos, Charlie Chaplin, que después percibió el poder de las palabras en el cine cuando realizó uno de los más bellos discursos que el mundo ha visto en El Gran Dictador (1940). En El Artista, George Valentin (Jean Dujardin) es un actor que no acepta cambiar su método de trabajo para ajustarse a la novedad del cine sonoro.

La oposición entre Valentin y el cine sonoro es establecida de forma simbólica en la escena de apertura, en que el personaje es torturado en una película por hombres que le ordenan que “hable”, mientras los carteles responden que él “no hablará jamás”.

Cuando el director de su próxima película le presenta a la nueva tecnología del cine sonoro y le propone trabajar con ella, Valentin se recusa. Afirmando ser un artista a que la gente quiere ver, no oír, él escribe un nuevo guión y roda una nueva película muda. Mientras eso, una de sus fans, Peppy Miller (Bérénice Bejo), empieza su carrera de actriz haciendo películas sonoras. Como resultado de eso, Valentin vive el primer desastre de su carrera, pero Peppy Miller alcanza el suceso.

Valetin resiste al cine sonoro y acaba perdiendo todo lo que tiene. Peppy intenta ayudarlo, pero é todavía necesita tiempo para aceptar la nueva realidad de su profesión y encontrar una vez más su espacio.
Hoy, el cine pasa por otro gran momento de transición. La tecnología analógica ven siendo substituida por la digital. Los decorados generados por computadora, el crhoma key, los efectos especiales y el formato 3D ganan cada vez más espacio. Afora eso, las discusiones acerca de la piratería y de la venta de películas por internet atingieron su auge ahora, en el final de año 2011 y principio del año 2012. Así, retomando una transición del pasado, El Artista también está en sintonía con el presente.

Lo que nos recuerda Hazanavicius es que el cine sigue siendo cine, aún cambie constantemente.

El Artista en su fase de dificultad: siempre con su mejor amigo, el perro. 

La estética de los años 1920 en los años 2010.

Hazanavicius no trae solamente la falta de sonido en directo y el color blanco y negro de las imágenes para construir una mis-en-scène característica de los años 1920. El estilo de la narrativa, las características de los personajes y los diálogos – unos pocos en forma de carteles -, cada parte tiene su función dentro del todo.
Un pequeño, pero significativo ejemplo es el conductor que trabaja para Valentin. Aún con su jefe fallido, sin pagarle hace un año, él sigue trabajando fielmente. Esa lealtad de los empleados hacia sus patrones, así como la deificación del personaje principal, el héroe, son detalles típicos de la narrativa del cine de los años 1920/1930.

Traer de vuelta una estética que no se veía en el cine hace cerca de ochenta años seguramente fue un paso atrevido de Hazanavicius.  El sentimiento de nostalgia que su película generó en el público fue muy grande. Esa nostalgia, sin embargo, es sentida por un público que no la tiene de verdad. Es decir, no hay más (o hay muy pocas) personas  vivas que sean capases de acordarse de las películas de las décadas de 1920/1930 por las haber visto en los cines, por ser esas las películas actuales de su época. Lo que el público de hoy conoce de este cine del pasado son los DVDs, las proyecciones especiales en festivales de cine. Así, es un público que siente nostalgia por una época en la que no vivió.

Hazanavicius, sin embargo, sabe el momento de ser fiel a la  estética escogida y el momento de romperla, aún no totalmente. Sufriendo con la duda y con las amenazas del cine sonoro a su carrera, Valentin tiene un sueño en que puede oír todos los sonidos del mundo a su alrededor, pero al intentar hablar, su voz no sale. Para esa escena, el director corta la música, presente durante toda la proyección, y destaca los sonidos naturales, como el del copo que suena al ser puesto sobre una mesa.

Al final, El Artista es una película, sobretodo, sencilla. Pero ese es justamente su encanto, el de acordarnos que el cine sencillo también es bello, aún no necesariamente genial. 
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